Historia


El mar Mediterráneo ha sido un mar clave para la Historia. Fenicios y romanos han navegado por él junto a los griegos, quienes sobrepasaron los límites del mismo a través del Estrecho de Gibraltar hace unos 3000 años aproximadamente. Éstos navegantes sólo conocían las corrientes de los ríos y supusieron que la extensión de agua al otro lado de Gibraltar era un enorme río. Por lo tanto, la palabra que significa río en el griego clásico era Okeano, y de allí proviene la palabra océano.

En la Roma antigua se llamó Mare Nostrum (Nuestro mar) debido a que todas sus orillas fueron ocupadas por ella, y en el siglo XIX Mussolini - queriendo recrear el imperio romano - lo llamó Mare Nostrum Italiano durante la segunda guerra mundial.

El mar originó una serie de leyendas y mitos en torno a él, como la de Jasón y los argonautas.

Situación


El mar Mediterráneo se encuentra localizado en las zonas templada y subtropical. Está rodeado por tierras continentales de amplia extensión, dotándolo de una climatología propia caracterizada por veranos cálidos y secos, inviernos moderados y un periodo que concentra buena parte de las lluvias durante la primavera. La urbanización costera, típica en las zonas mediterráneas, acomoda a un buen número de habitantes permanentes, amén de cierto número de población temporal, especialmente estival. Las zonas más septentrionales, muy industrializadas, contrastan con las más meridionales, esencialmente agrícolas.

El mar Mediterráneo posee una extensión de 3,5 x 106 km2, lo cual representa aproximadamente el 1% de la superficie oceánica mundial, con una profundidad media de 1,5 km. Su zona más profunda, en Matapan, posee 5.121 m bajo el nivel del mar. Su longitud costera es de 46.000 km, de los cuales el 40% pertenece a islas.

Comunica con el Océano Atlántico mediante el Estrecho de Gibraltar, un paso de 12,8 km de longitud y una profundidad de cerca de 300 m; por el noroeste, contacta con el mar Negro mediante el Estrecho de Dardanelos, el mar de Mármara y el estrecho del Bósforo. En el sureste, contacta con el mar Rojo debido a la acción humana, que excavó el canal de Suez, canal que sirve de entrada a especies tropicales del mar Rojo y del Océano Índico

Mar Mediterráneo


El Mediterráneo es un mar interior del Atlántico oriental, comprendido entre Europa meridional, Asia occidental y África del norte. Con aproximadamente 2,5 millones de km² y 3.860 km de longitud, es el mar interior más grande del mundo. Sus aguas, que bañan las tres penínsulas del sur de Europa (Ibérica, Itálica, Balcánica) y una de Asia (Anatolia), comunican con el océano Atlántico (a través del Estrecho de Gibraltar), con el mar Negro (por los estrechos del Bósforo y de los Dardanelos), y con el mar Rojo (por el canal de Suez). Es el mar con las tasas más elevadas de hidrocarburos y contaminación del mundo.

La etimología de este mar procede del latín Mar Medi Terraneum, cuyo significado es "mar en el medio de las tierras". La mayoría de los habitantes de sus costas han usado una denominación derivada de la latina. En idioma griego se llama Mesogeios Thalassa (Μεσόγειος Θάλασσα) con el mismo significado que el nombre latino, en árabe se llama Al-Bahr al-Mutawāsit البحر المتواسط ("mar intermedio"), y en turco Ak Deniz ("mar blanco", por oposición al mar Negro, pues los turcos llaman "blanco" al Sur y "negro" al Norte). El nombre turco también se utiliza a veces en árabe: Al-Bahr al-Abyad البحر الأبيض.[4] Para los egipcios era "el Gran Verde".

Principales pueblos bárbaros


Entre los pueblos germanos invasores encontramos a los godos, divididos en visigodos, en occidente y los ostrogodos, en oriente. Los francos, los suevos, los burgundios, los anglos, los sajones y los jutos, los vándalos, los frisones, los alanos (eslavos) y los alamanes, constituían el resto de los pueblos.

Los vándalos arrasaron las Galias, pasaron por Hispania, se dirigieron al norte de África, conquistaron Cartago, y desde su puerto se dedicaron a la piratería, asolando el Mediterráneo.

Los ostrogodos detentaron el poder, con la asunción de Teodorico, que mató a Odoacro. Los visigodos debieron retirarse de Italia, dirigiéndose al oeste, a la Galia, estableciendo su gobierno en el sur de la región y en casi toda Hispania.

Los francos se ubicaron en el norte de las Galias, adoptando la fe católica tradicional, convirtiéndose en los defensores radicales de catolicismo.

Los sajones, aliados con los anglos y los jutos se instalaron en Britania, con costumbres muy diferentes a las romanas.

Salvo estos casos aislados, la mayoría eran respetuosos de la cultura romana, y fusionaron las costumbres romanas con las propias. La aristocracia germana comenzó a utilizar como su idioma el latín, que luego modificado, dio lugar a las lenguas romances.

Pueblos bárbaros


Todos los pueblos de la Antigüedad miraron con desdén a sus vecinos. Los clásicos dieron el nombre de «bárbaros» a todos los extranjeros de las regiones fronterizas con el Imperio Romano, y con los que lucharon, si bien se limita la consideración a los que, ocupando en Europa las regiones al Norte del Imperio, invadieron éste, apoderándose de su parte occidental. Estos pueblos formaban tres grupos:

* el de cultura turco-mongola: como los ávaros y hunos.

* el de cultura germánica: como los godos, francos, vándalos, burgundios y otros.

Durante la decadencia del Imperio Romano, fueron muchos los pueblos bárbaros (extranjeros) que, aprovechando las disidencias internas, se aproximaron a sus fronteras y se establecieron en ellas, presionando en forma permanente para entrar.Los bárbaros lograron penetrar lentamente entre los siglos I y IV, y establecerse en el interior, hasta que, finalmente, empujados por otros pueblos, lo hicieron en forma violenta.

Los germanos eran indoeuropeos, como los griegos y latinos. En ellos las aficiones guerreras se muestran en grado sumo, al par que el trabajo se considera como menos digno. Había hombres privilegiados, nobles y plebeyos, existiendo también la esclavitud. La patria potestad tenía un concepto bastante análogo, en lo absoluto, al de los romanos. Aunque lo general era la monogamia, la poligamia aparece admitida entre los nobles.

Invasiones bárbaras


Se conoce como Invasiones bárbaras, Época de las invasiones o Período de las Grandes Migraciones, (literalmente «migración de pueblos») al conjunto de migraciones masivas que se desarrollaron aproximadamente entre el siglo III y siglo VIII de nuestra era en Europa y la cuenca del Mediterráneo, marcando la transición entre la Historia Antigua y la Edad Media que se conoce con el nombre de Antigüedad tardía.

Suele hablarse de varias fases en esas invasiones, correspondiendo el protagonismo de las primeras a los pueblos germánicos (del siglo III al siglo VI), mientras que las últimas corresponden a los vikingos y los magiares, así como a los árabes (protagonistas de la invasión musulmana del siglo VII y siglo VIII, que incorporó a su civilización la ribera sur del Mediterráneo).

Clodoveo y la creación del reino de los francos


Clodoveo I, hijo de Childerico I, comenzó una política de expansión de su autoridad sobre las otras tribus francas y de ampliación de su territorio al sur y oeste de la Galia. Así, comenzó una campaña militar con la intención de consolidar los varios reinos francos en la Galia y Renania, dentro de la cual se enmarca la derrota de Siagrio en 486. Esta victoria supuso el fin del control romano en la región de París.

En la Batalla de Vouillé (507), Clodoveo, con la ayuda de los burgundios, derrotó a los visigodos, expandiendo su reino al este, hasta los Pirineos. Tras esta batalla, Gregorio de Tours indica que Clodoveo llevó a cabo campañas para eliminar a los demás reyes francos, tanto ripuarios como salios.

La conversión de Clodoveo al cristianismo, tras su matrimonio con la princesa católica burgundia Clotilde en 493, pudo haber ayudado a acercarle al papa y a otros soberanos cristianos ortodoxos. La conversión de Clodoveo supuso la conversión del resto de francos. Al profesar la misma fe que sus vecinos católicos, los recientemente cristianizados francos encontraron mucho más fácilmente la aceptación por parte de la población local galo-romana que los arrios, los visigodos, los vándalos o los burgundios. De esta forma, los merovingios dieron lugar a la que con el tiempo sería la dinastía de reyes más estable de Occidente.

Esta estabilidad, sin embargo, no se extendía a la vida cotidiana durante la era merovingia. Aunque en tiempos de los romanos existía un cierto grado de violencia (sobre todo en la etapa final), la introducción de la práctica germánica de recurrir a la violencia para solventar disputas y conflictos legales llevó a un cierto grado de anarquía. Esto afectó al comercio, que se llegó a verse interrumpido ocasionalmente, dificultando de manera creciente la vida cotidiana, lo que desembocó en una progresiva fragmentación y localización de la sociedad en villas. La alfabetización, aparte de las iglesias y monasterios, era prácticamente nula.

Los soberanos merovingios, siguiendo la tradición germánica, tenían la costumbre de dividir sus tierras entre los hijos supervivientes, ya que carecían de un amplio sentido de la res pública, concebían el reino como una propiedad privada de grandes dimensiones. Esto dio lugar divisiones territoriales, segregaciones y redistribuciones, reunificaciones y nuevas particiones, en un proceso que originaba asesinatos y guerras entre las distintas facciones. Esta práctica explica en parte la dificultad de describir con precisión tanto las fechas como las fronteras geográficas de cualquiera de los reinos francos, así como de determinar con precisión quién gobernaba en cada una de las regiones. El bajo nivel de alfabetización durante el periodo franco agrava el problema, ya que se conservan muy pocos documentos escritos. De todas formas.

El área franca se expandió aún más bajo el reinado de los hijos de Clodoveo, llegando a cubrir la mayor parte de la actual Francia (con la expulsión de los visigodos), pero incluyendo también zonas al este del río Rin, tales como Alamannia (el actual sudoeste de Alemania) y Turingia (desde 531); Sajonia, en cambio, permaneció fuera de las fronteras francas hasta ser conquistada por Carlomagno siglos más tarde. A su muerte en 511, repartió el reino entre sus cuatro hijos, hasta que su hijo Clotario I reunió temporalmente los reinos, tras él, los territorios francos volvieron a dividirse en 561 en Neustria, Austrasia y Borgoña, que habían sido anexionadas por los francos por medio de matrimonios e invasiones.

En cada reino franco, el mayordomo de palacio ejercía las funciones de jefe de estado. Una serie de muertes prematuras que comenzaron con la de Dagoberto I en 639 desembocaron en una sucesión de reyes menores de edad. A comienzos del siglo VIII, esto había permitido a los mayordomos austrasios consolidar el poder de su propio linaje, lo cual llevó a la fundación de una nueva dinastía: los carolingios.